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Fecha de publicación 26 abril 2024
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Tiempo de lectura 4 minutos

La importancia de la inteligencia emocional en el liderazgo empresarial

La importancia de la inteligencia emocional en el liderazgo empresarial

La inteligencia emocional es, quizá, la habilidad de liderazgo más importante actualmente. Según el informe Future of Jobs 2023 del Foro Económico Mundial, entre las capacidades emocionales cada vez más valoradas por las empresas están algunas como la curiosidad, el aprendizaje permanente, la resiliencia, la motivación y el autoconocimiento, íntimamente ligadas a la inteligencia emocional.

Descrita como la capacidad de comprender y manejar las emociones, tanto propias como ajenas, la inteligencia emocional se ha erigido desde entonces como el distintivo de un líder efectivo y cercano. Desde la creación de relaciones duraderas y basadas en la confianza al liderazgo inspirador y motivador, pasando por la gestión del estrés y la presión, contar con ciertas habilidades sociales y competencias emocionales son un factor de peso en el liderazgo empresarial de éxito.

Detrás de un nombre

El término fue popularizado por el psicólogo, periodista científico y escritor Daniel Goleman con la publicación en 1995 del libro Inteligencia emocional, traducido a 40 idiomas y convertido en un best-seller mundial. En esta obra, Goleman introdujo una tesis que desarrollaría en otras publicaciones como Working with Emotional Intelligence (1998) o Primal Leadership (2001): que las habilidades no cognitivas pueden ser tan importantes como la capacidad intelectual o los conocimientos técnicos para el éxito laboral, lo que hoy conocemos como soft skills. En un artículo publicado en 1998 en Harvard Business Review, Goleman fue taxativo: “La inteligencia emocional es el sine qua non del liderazgo”.

En ese mismo artículo, Goleman describe cinco componentes de la inteligencia emocional que permiten a las personas reconocer su estado mental y el de los de los demás y reaccionar en consecuencia:

  • Autoconciencia, o la capacidad de reconocer y comprender las propias emociones, motivaciones y estados de ánimo. Una persona que exhibe este rasgo es consciente de sus propias fortalezas y debilidades y aprende a atajar las primeras y aprovechar las segundas, y se caracteriza por la confianza personal y la honestidad consigo misma.
  • Autorregulación. Es la capacidad de controlar o reorientar las conductas impulsivas y los estados de ánimo alterados. Las personas capaces de autorregularse saben apelar al pensamiento lógico, están más abiertas al cambio y saben gestionar la incertidumbre.
  • Motivación. Es definida por Goleman como "una pasión por el trabajo que va más allá del dinero y el estatus", además de la tendencia a perseguir las ambiciones con perseverancia. Se trata del impulso y la vocación personal que mueven a un líder a superarse cada día, comprometerse con su equipo y mantener una actitud positiva.
  • Empatía. Consiste en la comprensión de los sentimientos, motivaciones y rasgos emocionales de otros. Además, las personas dotadas de inteligencia emocional saben adaptar su comportamiento a las emociones de los demás. En el ámbito de los negocios, esto se traduce en líderes empresariales capaces de impulsar el talento, ofrecer una buena experiencia a los consumidores y clientes y exhibir sensibilidad intercultural.
  • Sociabilidad. Desde compañeros hasta subordinados, clientes o inversores, esta clase de líderes tendrán la capacidad de establecer relaciones laborales duraderas, comprender las necesidades de otras partes y fomentar la posición y reputación de una empresa a través del networking y de un clima laboral positivo.

Cómo construir la inteligencia emocional

Aprender a reconocer y gestionar adecuadamente los sentimientos de quienes nos rodean, y los propios, es una habilidad multifacética que se puede desarrollar de múltiples formas:

  • Trabajar el autocontrol. Aprender a reconocer las emociones es solo el primer paso para desarrollar nuestra inteligencia emocional: también debemos ser capaces de manejarlas, empezando por nosotros mismos. Entre las herramientas que pueden ayudarnos a gestionar mejor nuestros sentimientos encontramos prácticas como el mindfulness y la meditación, técnicas de respiración y relajación, ejercicios de visualización…
  • Desarrollar la concentración. Este consejo viene directamente del padre de la inteligencia emocional, Daniel Goleman: en su libro Focus: The Hidden Driver of Excellence destaca la importancia de desarrollar la capacidad de concentrarse tanto a nivel interno como del otro y externo. Es decir, prestar atención al mismo tiempo tanto a nuestras propias motivaciones y reacciones como a las de quienes nos rodean y a las grandes tendencias y corrientes que mueven el mundo a nuestro alrededor.
  • Mejorar las habilidades sociales. La comunicación efectiva, desde el lenguaje corporal hasta la capacidad de expresión, así como la capacidad de establecer relaciones interpersonales con otros miembros del equipo o clientes son fundamentales para desarrollar nuestra inteligencia emocional. Practicar la escucha activa, adquirir nociones sobre dialéctica y gestualidad o aprender estrategias de mediación en conflictos nos ayudará en este empeño.
  • Formarse de manera continua. Desde talleres de pensamiento positivo o gestión del estrés, prácticas terapéuticas como la escritura de un diario personal, o simplemente el consumo de contenidos culturales que nos enseñen algo nuevo sobre otros grupos demográficos, otras culturas u otros campos: un líder que quiera mantener su inteligencia emocional en el nivel más alto nunca debería dejar pasar la oportunidad de aprender algo nuevo que le ayude a entender y reaccionar mejor al mundo que le rodea y a su propia mente.

Las ventajas de ser un líder con inteligencia emocional

La inteligencia emocional en un líder tiene muchas ventajas, algunas más evidentes —como el ser percibido como una figura accesible y de confianza— y otras más sutiles, pero con un enorme impacto para una empresa. Por ejemplo, esta clase de líderes logra una mejor toma de decisiones: más racionales, informadas y basadas en factores objetivos, en lugar de en reacciones emocionales e impulsivas.

La empatía que exhiben los líderes con inteligencia emocional es además fundamental para construir equipos cohesionados pese a la (cada vez mayor) diversidad de los perfiles que los integran. Al saber ponerse en el lugar del otro, estos líderes conseguirán identificar y responder a las necesidades de los demás, integrando las perspectivas de cada uno para lograr una visión plural.

Los líderes dotados de inteligencia emocional, además, son capaces de crear un clima laboral positivo y una cultura empresarial con la que todos conecten. Saber reconocer las aspiraciones y sentimientos de otros les ayuda a idear formas de fomentar el compromiso, la motivación y el rendimiento del equipo. Además, el adecuado manejo de sus propias emociones les permite presentarse como un referente sereno, resiliente y optimista, capaz de guiar a los demás en la gestión de crisis, momentos de cambio o nuevos retos profesionales.

La inteligencia emocional es más relevante que nunca para los líderes empresariales en un mundo laboral cambiante, que atiende cada vez más al bienestar y la psicología. Equipos cada vez más diversos y multigeneracionales, tecnologías en rápida expansión que requieren de un reskilling constante o la globalización de los negocios son retos que requieren de líderes con habilidades que vayan más allá de lo técnico.

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