Transformación
En la actualidad, la inteligencia artificial (IA) se ha consolidado como uno de los principales vectores de crecimiento económico y transformación del mercado laboral. Lejos de ser una promesa tecnológica, su despliegue, al igual que otros avances tecnológicos, como Internet o el ordenador, está comenzando a alterar las estructuras organizativas y los perfiles profesionales.
Desde el lanzamiento de ChatGPT 3.5 en 2022, la velocidad de adopción ha sido inédita: la plataforma, en concreto, supera ya los 300 millones de usuarios semanales, y más del 90% de las empresas del Fortune 5 00 incorporan alguna herramienta de IA en su actividad diaria. Hasta entonces, ninguna innovación previa, ni siquiera Internet, había alcanzado una penetración tan amplia en tan corto tiempo.
Entre el 2023 y 2025, el porcentaje de empresas que utilizan inteligencia artificial a nivel global aumentó significativamente, pasando del 55% al 78%. Al frente del despliegue se sitúan Estados Unidos, seguido por Asia-Pacífico y Europa, reflejando una importante brecha tecnológica entre economías avanzadas y de renta media o baja; aunque muchos países en Latinoamérica y África también están avanzando en el terreno, consolidando así la IA como una tecnología de adopción masiva en todo el mundo.
En España, la tendencia también sigue una trayectoria ascendente. En 2025, más de 1,6 millones de empresas, casi la mitad del total nacional, (estimado en 2,9 millones del total del tejido empresarial español) utilizan herramientas de IA en sus operaciones. Solo en el último año, unas 450.000 organizaciones se sumaron a esta transformación, lo que supone un crecimiento interanual del 39%, lo que evidencia la consolidación de un modelo empresarial cada vez más orientado a la eficiencia y la innovación tecnológica.
A pesar de estas cifras, el ritmo de adopción de la inteligencia artificial no es homogéneo, ya que existen diferencias significativas en función del tamaño y la estructura organizativa de las compañías. Un estudio global de McKinsey indica que las empresas con ingresos anuales superiores a 500 millones de dólares son las que registran un mayor grado de avance en la implementación y el escalado de soluciones de IA.
En España, esta tendencia presenta particularidades derivadas del ecosistema empresarial. Si bien el 69% de las grandes corporaciones ha incorporado inteligencia artificial en alguna de sus operaciones, tan sólo un 11% alcanza niveles avanzados de adopción. En contraste, las startups se sitúan en una posición de liderazgo en cuanto a experimentación y desarrollo tecnológico: el 63% de las emergentes españolas integra la IA como componente central de su propuesta de valor.
Asimismo, la adopción muestra un comportamiento desigual entre sectores: la industria tecnológica encabeza su integración, mientras que ámbitos como la construcción o los servicios tradicionales avanzan con mayor lentitud. En Europa, los niveles de uso alcanzan máximos en tecnología, medios y telecomunicaciones (91%), manufactura avanzada (90%), energía y recursos (90%) y servicios financieros y de capitales (89%), sectores que superan la media y concentran las aplicaciones más sofisticadas de la IA.
En este escenario de adopción generalizada, la cuestión clave pasa a ser qué industrias y actividades laborales se están viendo más afectadas por la IA y, en consecuencia, qué ocupaciones experimentarán una transformación más profunda en los próximos años.
Ante estas cuestiones, tanto empleadores como trabajadores presentan diversas perspectivas en cuanto a su impacto e integración en el uso diario.
El 86% de los empleadores identifica a la IA y a las tecnologías de procesamiento de la información como el principal agente de cambio en sus modelos de negocio de cara a 2030. En España, la cifra asciende al 88%, lo que refleja una percepción casi unánime de su papel disruptivo.
Desde la perspectiva de los trabajadores, el cambio es igualmente tangible. Siete de cada diez consideran que, en apenas dos años, la IA generativa modificará un tercio o más de sus funciones, anticipando una transformación profunda de las tareas cotidianas. El tono, no obstante, es optimista: nueve de cada diez empleados confían en que la IA tendrá un impacto positivo en su experiencia laboral y potenciará habilidades como el pensamiento crítico o la creatividad.
Esta actitud se traduce en un efecto de impulso bottom-up, en el que la adopción tecnológica se propaga desde los empleados hacia el resto de la organización.
En muchas organizaciones, la adopción tecnológica está siendo impulsada por sus propios empleados, con el uso de IA generativa y otras herramientas de manera espontánea y proactiva, ya sea para tareas simples como redactar, traducir, crear imágenes o elaborar presentaciones. De hecho, los empleados son tres veces más propensos a usar IA generativa en su día a día de lo que sus líderes estiman.
En este contexto, en 2025, España se sitúa a la vanguardia en Europa, con un 89% de los empleados encuestados utilizando activamente IA por encima de la media europea (83%). Este entusiasmo se traduce también en autocapacitación tecnológica, ya que, en 2024, el 54% reconocen haber invertido tiempo en formación propia en IA, reforzando la emergencia de un ecosistema laboral cada vez más influenciado por la transformación digital.
Sin duda, este progreso vertiginoso es reflejo de una evolución tecnológica progresiva, que ha pasado de la automatización básica de tareas repetitivas a la era de los copilotos digitales, sistemas capaces de asistir, anticipar y optimizar el trabajo humano. La siguiente fase, marcada por la irrupción de la IA agéntica, promete un salto cualitativo en la autonomía y la eficiencia de las máquinas, capaces ya no solo de ejecutar instrucciones, sino de tomar decisiones, coordinar flujos de trabajo y aprender de forma contextual.
El avance acelerado de la inteligencia artificial marca el inicio de una nueva reorganización del trabajo. A medida que las empresas integran sistemas cada vez más autónomos y colaborativos, la proporción de tareas desempeñadas exclusivamente por humanos tiende a reducirse de forma sostenida.
El análisis del uso de Copilot, el modelo de IA de Microsoft, ilustra esta transición: los trabajadores emplean la IA tanto como herramienta de apoyo como de ejecución. En muchos casos, el sistema actúa como asistente, mientras el usuario mantiene el control de la tarea y, en otros, la IA asume directamente parte de la acción operativa, realizando tareas en nombre del empleado.
Las tareas más frecuentes en el primer caso se concentran en: recopilar y elaborar información, explicar información técnica o normativa, y comunicarse con el usuario, ya sea atendiendo consultas, resolviendo problemas o proporcionando asistencia. En este nuevo reparto funcional, la IA se especializa en asesorar y enseñar, mientras que los trabajadores enfocan sus esfuerzos en otras tareas, consolidando un modelo de cooperación hombre–máquina cada vez más sofisticado.
Como consecuencia de este cambio, se prevé una caída en el volumen de actividades ejecutadas únicamente por personas. Actualmente (2025), el 47% de las tareas en las organizaciones las realizan directamente humanos; sin embargo, para 2030, esa proporción caerá hasta el 33%, lo que representa una reducción de casi 15 puntos porcentuales en apenas cinco años.
En España, se sigue la misma tendencia: la proporción de tareas completadas predominantemente por personas es tan solo del 46% en 2025, mientras que se proyecta que descenderá hasta el 34% en 2030. Esta dinámica refleja un desplazamiento progresivo del trabajo manual hacia modelos híbridos, donde el criterio y la creatividad humana se combinan con la eficiencia de los sistemas automatizados.
La automatización no sólo redefine la manera en la que se realizan las tareas, sino también la estructura del empleo. Entre 2025 y 2030, se estima que las tecnologías de inteligencia artificial y procesamiento de información desplazarán cerca de 9 millones de puestos de trabajo a nivel global. Sin embargo, su efecto neto será positivo: estas mismas tecnologías crearán aproximadamente 11 millones de nuevos empleos, convirtiéndose en uno de los principales motores de crecimiento laboral frente a cualquier otra tendencia tecnológica actual.
La irrupción de la IA generativa, en particular bajo modelos de lenguaje a gran escala (LLM), amplifica aún más los cambios en el mercado laboral. Según el estudio de Microsoft con el asistente Copilot, las ocupaciones con mayor potencial de transformación se concentran en roles relacionados con el trabajo del conocimiento y la comunicación. Por su parte, los oficios que requieren trabajo físico, destrezas manuales especializadas o una alta interacción social presentan una exposición significativamente menor de los sistemas de inteligencia artificial. Este hallazgo confirma que, aunque la transformación tecnológica avanza de manera desigual entre sectores y tipos de ocupación, aún se preserva el valor diferencial de las capacidades humanas.
A pesar de estas cifras tan significativas, la influencia de estas herramientas no se limita a estos sectores específicos, pues todos los grupos profesionales presentan algún grado de aplicabilidad, evidenciando que la IA afecta de manera transversal a las organizaciones y a los distintos perfiles laborales.
Esto genera signos de preocupación en paralelo al entusiasmo mencionado anteriormente. En Europa, el 65% de los empleados reconoce que la IA podría asumir parte de sus tareas, lo que ha incrementado la percepción de riesgo laboral, pasando del 68% en 2024 al 74% actualmente.
No obstante, los datos ofrecen un panorama más alentador: un estudio prospectivo del World Economic Forum indica que ninguna de las competencias evaluadas presenta hoy una “muy alta capacidad” de ser reemplazada por la generación actual de herramientas de IA generativa. De hecho, aproximadamente el 69% de las habilidades analizadas muestra un bajo o muy bajo grado de sustituibilidad, destacando de nuevo la resiliencia de las competencias humanas frente a la automatización.
La evolución del trabajo no solo afectará al número de ocupaciones, sino también a la manera en que se desempeñan, impulsada por los cambios en las habilidades demandadas por el mercado laboral. Según el Future of Jobs Report 2025, los empleos más expuestos a la inteligencia artificial o con mayor riesgo de automatización están cambiando mucho más rápido de lo esperado. En 2025, evolucionan casi tres veces más rápido que el año anterior (66% frente al 25%), lo que muestra cómo la IA está transformando los requisitos profesionales a gran velocidad.
Desde una perspectiva económica, la IA está aumentando el valor de los profesionales que dominan estas herramientas y competencias técnicas (hard skills).
Entre las más demandadas destacan la inteligencia artificial y el Big Data, seguidas de las redes, la ciberseguridad y la alfabetización tecnológica general. En 2025, los trabajadores con habilidades en IA perciben una prima salarial del 56% superior respecto a sus homólogos sin formación en esta área.
Paralelamente, las competencias transversales y socioemocionales (soft skills) se consolidan como esenciales para adaptarse a un entorno laboral en constante transformación. El pensamiento creativo, la resiliencia, la flexibilidad, la curiosidad y la capacidad de aprendizaje continuo se sitúan entre las habilidades más relevantes este 2025 y de cara a la evolución hasta 2030, junto con liderazgo e influencia social, gestión del talento, pensamiento analítico y conciencia ambiental. Esta combinación de capacidades técnicas y sociales refleja la necesidad de comprender el impacto empresarial de la tecnología de manera no sólo técnica sino humana, estratégica e integral.
En conjunto, la evolución del trabajo está configurando un mercado laboral dual: por un lado, impulsando el crecimiento de capacidades vinculadas a la tecnología y la innovación; y, por otro, reforzando la importancia de las competencias blandas. En este nuevo escenario, será igual de decisivo desarrollar ambas quienes quieran adaptarse al cambio.
A medida que la automatización redefine las funciones y competencias, las empresas se enfrentan a una doble necesidad: elevar el nivel de cualificación de sus empleados (upskilling) y reconvertir los perfiles existentes (reskilling) para alinearlos con las nuevas exigencias tecnológicas.
A nivel global, cerca del 30% de las empresas reconoce no disponer de personal con habilidades especializadas en inteligencia artificial, y un 26% adicional admite que sus empleados carecen de las competencias necesarias para aprender y trabajar eficazmente con estas herramientas. Esta carencia de talento especializado se ha convertido en uno de los principales frenos para la adopción de la IA, una preocupación compartida por el 55% de los líderes empresariales.
En respuesta, las organizaciones están intensificando su apuesta por la formación interna. El auge de los programas de capacitación en IA ha sido notablemente heterogéneo por regiones: mientras que India y Estados Unidos lideran en número de inscripciones, los motores que impulsan esta formación difieren. En Estados Unidos, el crecimiento proviene principalmente de la iniciativa individual de los trabajadores, mientras que en India destaca el patrocinio corporativo, reflejo de una estrategia más institucional para integrar la IA en los procesos empresariales.
En España, la respuesta empresarial frente al avance de la IA muestra un alto grado de alineación con las tendencias internacionales: el 79% de los empleadores españoles planea impulsar en el próximo año programas de reskilling y upskilling para capacitar a su plantilla en el trabajo conjunto con la IA. Aunque ya actualmente el 50% de las compañías ha puesto en marcha programas de formación específicos en IA, y en promedio, el 42% de los empleados ha recibido capacitación digital durante el último año.
En paralelo a la respuesta corporativa, los gobiernos están reforzando sus estrategias de adaptación para garantizar la transición hacia la economía digital. En el caso de España, destaca la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial 2024, que constituyó un pilar central dentro de la agenda de innovación del país el pasado año.
La estrategia contemplaba, entre otros aspectos una inversión de 760 millones de euros destinada a fomentar el talento en inteligencia artificial y tecnologías habilitadoras digitales, a través de becas de formación, el impulso de proyectos educativos especializados y la promoción de ecosistemas de colaboración público-privada orientados a conectar el sistema educativo con las necesidades reales del tejido empresarial.
En conjunto, este tipo de políticas refuerzan una visión compartida: el upskilling y el reskilling son una medida de mitigación ante la automatización y una palanca estratégica de transformación económica.
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