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Para ayudar en la gestión de estas transacciones y garantizar una correcta provisión de fondos, existen dos herramientas financieras cada vez más utilizadas por las empresas: el factoring y el confirming. Se trata de mecanismos de gestión de cobros y pagos a través de una entidad bancaria que aportan liquidez a la compañía al adelantar los cobros a clientes, en el caso del factoring, y flexibilizan el pago a los proveedores, en el confirming. Resuelven un problema que siempre ha existido en las relaciones comerciales: el tiempo que transcurre entre la entrega y su cobro.
El uso de estos mecanismos financieros es cada vez más habitual en las pymes. Según la Asociación Española de Factoring (AEF), en los últimos seis años las operaciones llevadas a cabo en España a través de factoring han tenido un incremento absoluto de 45.320 millones de euros y de 55.390 millones de euros las de confirming, lo que supone un incremento anual acumulativo del 7,4 % y del 9,1 % respectivamente.
Solo en 2024, el volumen total de los créditos gestionados entre ambas modalidades fue de 393.276 millones de euros. Esta cifra es equivalente a casi una cuarta parte del PIB español (24,7%), lo que demuestra que estas herramientas son la parte considerable de la financiación empresarial en España.
El factoring comenzó a utilizarse en el siglo XVII con la expansión del comercio textil entre Inglaterra y las colonias americanas.
Debido a que los viajes transoceánicos tardaban meses, las empresas exportadoras necesitaban liquidez para seguir produciendo sin tener que esperar a que el barco regresara. Para disponer de dinero de forma inmediata, los fabricantes empezaron a utilizar a agentes comerciales (factors en inglés) en los puertos de destino, quienes se encargaban no solo de vender la mercancía sino de anticipar el pago antes de que los clientes finales pagaran.
El confirming surgió en la década de 1990 como una herramienta para simplificar los pagos que tenían que hacer las grandes empresas a sus proveedores, al mismo tiempo que estos podían acceder a financiación para continuar con su actividad productiva.
El factoring es un mecanismo de cobro por el cual una empresa cede sus facturas de clientes a una entidad financiera para cobrar anticipadamente. El banco, por tanto, adelanta los pagos a la empresa (que recibe el dinero de forma inmediata) y, posteriormente, se encarga de cobrar las facturas a los clientes.
Cuenta con dos modalidades:
El factoring es, ante todo, una herramienta de transformación de activos: permite convertir una deuda en dinero líquido inmediato.
“En un contexto de mayor exigencia financiera y de gestión de la liquidez, herramientas como el factoring y el confirming permiten a las empresas profesionalizar sus cobros y pagos, reducir riesgos y mejorar la relación con clientes y proveedores. Son soluciones clave para fortalecer la estabilidad financiera y el crecimiento sostenible del negocio” afirma Teresa Fernández, directora de Banca de Empresas de Ibercaja.
El confirming es el proceso inverso. Se trata de un servicio de gestión de pagos a proveedores mediante el cual una empresa contrata los servicios de una entidad financiera para que se encargue del pago de sus facturas. Al mismo tiempo, el banco ofrece a los proveedores el pago al vencimiento o un adelanto del importe de las facturas, en este caso, con un descuento.
En el caso del confirming con anticipo, también existen las opciones con o sin recurso; en el caso de que el banco asuma el riesgo de impago o no.
El confirming funciona como un seguro de confianza en la cadena de suministro.
Factoring y confirming han pasado a ser dos métodos de gestión financiera con interesantes ventajas para las empresas, proveedores y clientes. Un adecuado uso de estos mecanismos puede contribuir a mejorar la liquidez de las compañías, fortalecer la cadena de suministro y mitigar riesgos.
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