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Fecha de publicación 06 febrero 2026

Guía práctica para cumplir con las medidas antitrust

Guía práctica para cumplir con las medidas antitrust

Las leyes de la competencia o antimonopolio (antitrust en inglés) tratan de garantizar que las empresas operen bajo condiciones de igualdad y de libre mercado, protegiendo así a los consumidores frente a prácticas abusivas. 

Las autoridades de la competencia vigilan estas acciones, que tienen consecuencias graves para las empresas: desde multas millonarias, consecuencias penales para directivos y empleados, la nulidad de acuerdos comerciales, la pérdida de confianza de clientes e inversores, además de dañar la reputación corporativa. Para evitar estas situaciones, la Cámara de Comercio Internacional (ICC) cuenta con un manual práctico de cumplimiento de medidas antitrust (Antitrust Compliance Toolkit).

Nuevos riesgos

El compliance antitrust debe reflejarse en la forma en que la empresa toma decisiones, gestiona riesgos y se relaciona con clientes, proveedores y competidores. Para ello, el primer paso es reconocer explícitamente el antitrust como un riesgo empresarial relevante. Muchas infracciones se producen por desconocimiento, presión comercial o falta de controles adecuados; identificar dónde se concentran los riesgos e integrarlos en el sistema general de gestión es esencial para prevenir problemas. 

Las prácticas anticompetitivas incluyen desde la prohibición de cárteles, a la fijación de precios entre competidores, el reparto de mercados, la manipulación de licitaciones o el intercambio de información comercial sensible. Los riesgos serán diferentes según la naturaleza o la actividad de la empresa. Por ejemplo, las compañías que participan en licitaciones públicas deben prestar especial atención al riesgo de bid rigging o manipulación de ofertas, mientras que aquellas con una posición fuerte en el mercado deben analizar con cuidado el riesgo de abuso de posición dominante.

En los últimos años, además, se han incorporado otros riesgos como:

  • Recursos humanos: acuerdos para no contratar talento de competidores (no-poaching) o fijación de salarios.
  • Inteligencia artificial: el uso de algoritmos para marcar precios debe ser transparente.
  • Sostenibilidad: la cooperación entre empresas para lograr objetivos ecológicos debe evaluarse cuidadosamente para no infringir las normas de la competencia.

“El cumplimiento de las normas de competencia no es solo una obligación legal, sino una palanca clave para generar confianza, proteger la reputación corporativa y asegurar un crecimiento sostenible” afirma Teresa Fernández, Directora de Banca de Empresas de Ibercaja.

Tone from the top

Contar con un programa de compliance antitrust ya no es una opción, sino una necesidad empresarial. El cumplimiento de las normas antimonopolio debe estar integrado en la cultura corporativa. Para ello, el ICC propone una serie de medidas:

  • Tone from the top (tono desde la dirección). Los directivos tienen que demostrar un compromiso visible con la ética y respaldar el cumplimiento antitrust. De esta forma, el mensaje llega a toda la organización de manera reforzada. 
  • Elaborar un código de conducta que sirva de marco de referencia para el comportamiento diario de empleados y directivos. Debe estar integrado en un programa amplio con herramientas prácticas que permitan el control y cumplimiento de las normas de la competencia.
  • Estructura clara de gobernanza, con un responsable encargado de aplicar el programa y con acceso al Consejo de Administración y a los comités para poder evaluar riesgos e incluir medidas de mejora.
  • Disponer de recursos suficientes. Merece la pena la inversión en la elaboración de un programa antitrust, así como asignar fondos para su control y seguimiento, así se reducirá el riesgo a ser sancionado y limitará los daños reputacionales.

Herramientas clave para la gestión de riesgos

Para transformar la política antimonopolio en una práctica diaria que marque las decisiones y acciones de la empresa, la ICC sugiere implementar controles específicos y dinámicos:

  1. Manuales de "Do's and Dont’s": guías prácticas y con un lenguaje claro que indiquen qué comportamientos están permitidos y cuáles están prohibidos en situaciones cotidianas.
  2. Canales de denuncia (Speak up): sistemas confidenciales y anónimos que permitan denunciar actitudes sospechosas sin temor a represalias, garantizando una protección total al denunciante.
  3. Debida diligencia en terceros: es importante revisar las condiciones de participación en asociaciones empresariales o clústeres donde el riesgo de intercambio de información sensible es alto. También se recomienda revisar la información en procesos sensibles como fusiones y adquisiciones para no heredar problemas de competencia.
  4. Formación continua de todos los implicados en procesos comerciales y actualización permanente de los programas y los códigos de conducta. La ICC incluso recomienda sanciones coherentes para aquellos que no los cumplan y el reconocimiento de los comportamientos ejemplares.
  5. Planes de mejora del programa de cumplimiento (CPIP, Compliance Program Improvement Plans en inglés) basados en auditorías periódicas y experiencias previas para asegurar que el sistema evoluciona a la par que los riesgos del mercado.

Cumplir con las reglas del mercado de forma ética contribuye a reforzar la posición de las empresas en un entorno cada vez más competitivo y global, al mismo tiempo que consolida la relación de confianza con los proveedores y mejora la imagen corporativa entre los clientes. Como en el deporte, el fair play, el competir respetando las reglas del juego, beneficia tanto a las empresas como a los consumidores.

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